martes, 22 de mayo de 2012

Evolucion inteligente


Muchas veces veo con cierta simpatía a los creacionistas, o más que a los creacionistas a los que sostienen la Teoria del Diseño inteligente que sostiene que el origen o evolución del Universo, la vida y el hombre, son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes.
Para mí en lo principal la teoría darwiniana de la evolución me parece suficientemente probada, aunque disiento respecto a la lectura nihilista de las pruebas.
La presencia de la inteligencia en el proceso evolutivo para mi es una lectura posible, si bien disiento en lo que agentes inteligentes.  La evolución no precisa de un agente inteligente externo al universo mismo, y tampoco necesariamente es necesaria una deliberación.
La inteligencia de la evolución se expresa en el proceso, un proceso que muestra una tendencia hacia ciertas formas de manifestación – de automanifestación.
El horror de los que defienden la teoría del diseño inteligente es imaginar una inteligencia que no tiene un plan. Una creación sin jefe, la cual da al más fuerte la razón.  Sí, una manifestación sin un Dios que la dirija con la intención de llevarla a alguna parte.
Pero es que esa noción de que la evolución solo es la permanencia de los más fuertes y la extinción de los que no logran serlo no es la lectura correcta de los hechos.
Si en lugar de mirar desde el punto de vista del individuo, miramos desde el ecosistema en el que el individuo se encuentra, podemos ver que esa lucha por la supervivencia es también la búsqueda de la simbiosis con el medio. Con los seres que rodean al individuo. Y no es el más fuerte el que triunfa, o sobrevive,  el más simbiótico.
Los animales somos simbióticos con las plantas, no solo depredadores somos también sembradores, polinizadores.  Y las células de un animal o planta pluricelular son simbióticas entre sí.
Un ecosistema tiene sus relaciones simbióticas e incluso la cultura humana es parte de esa simbiosis.
La comunicación es el aspecto más impresionante de la simbiosis, y la comunicación de nuestras neuronas es justamente  la prueba de que sí hay inteligencia en los sistemas simbióticos.
La inteligencia  evoluciona por el camino de la comunicación entre sistemas inteligentes.
Los lobos cazan en grupo, se comunican y tienen empatía con su manada. Los elefantes, se comunican y tienen empatía con sus congéneres, lo mismo los delfines y lo mismo nosotros.
De hecho también tenemos empatía entre especies. Los perros empalizan con nosotros, los delfines también.
El hombre ha sobrevivido no por ser más fuerte que los otros animales, sino porque ha sabido crear sistemas simbióticos mejor comunicados y empáticos que otros animales.
La agricultura y la ganadería son muestras de nuestra simbiosis con ciertas especies de seres vivos. La empatía la podemos ver en la religiosidad primitiva que sentía que las plantas y animales, el cielo y la tierra eran seres con características humanas.
El siguiente paso en la evolución no es de ninguna manera algo que esté en un plan divino. Sino de la manera como sintonicemos nuestra inteligencia con la inteligencia del sistema.
La idea de manipular la evolución como si el entorno fuera inanimado, la idea de vencer al entorno como si fuera un enemigo, y la idea de que somos un depredador intentando no ser depredado, son una idea equivocada de entender la evolución. Más que equivocada es limitada.
Somos más que eso, somos capaces regular nuestra depredación, y somos capaces de sentir comunicación emocional con nuestras relaciones.
Ya dije al principio que simpatizaba con la idea del diseño inteligente. Porque disiento de la visión de un universo sin espíritu. No por especulación sino porque reconozco eso en mí, y en mis relaciones.
Hay inteligencia en la creación en lo humano y en lo que está más allá de nuestra humanidad.  Y esa inteligencia siente por que yo siento y la siento en los demás, esta inteligencia es empática y busca la simbiosis.
Y si no solo los que no se adaptan perecen, todos perecemos, y al perecer ofrecemos al medio lo que somos. Nuestra materia y nuestro ser.
Hay pues amor en cuanto la relación que establecemos es de amor, y es el amor lo que si mueve a la inteligencia le da sentido. Porque el amor unido a la inteligencia establece relaciones simbióticas de forma natural. Establece una buena  relación con  los fenómenos no solo externos, también con los fenómenos internos.
Una inteligencia empática es también una inteligencia capaz de crear buenas conexiones entre aéreas cerebrales, gestionar el estrés y regular el miedo a ser comido y la actitud de ver como mero alimento a los demás seres.
Una inteligencia empática es capaz de entender otras formas de pensar y relacionarlas con la propia, adaptarse a diferentes culturas, comunicarse y aprender nuevos puntos de vista, y buscar formas de intercambio que tiendan a la paridad.
Existen inteligencias depredadoras, y existen inteligencias motivadas por el temor. Y en cierta manera están las tres en mí. Pero de las tres la que permite mayor grado de integración en el sistema y por tanto puede regular las otras dos es la inteligencia empática.
:)
un saludo

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